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Madre, no conozco una amapola,
¿cómo es?

Es dulce, hijo, y su aroma
se prende en el alma
como un arrullo cálido
en noches de invierno.

Madre, no conozco una amapola,
¿dónde vive?

En tu boca, hijo,
en tus manos apretadas
de jugosas primaveras
que aún no llegan.

Madre, no conozco una amapola,
¿a qué huele?

A las perlas que bañan
tus mejillas en la tarde
preñada de juegos
que jadeas lleno de dicha.

Madre, no conozco una amapola,
¿cómo crece?

Con silencio, hijo, con sonrisas
y palabras que se
desgranan en una aurora
solitaria, cualquier día,
cuando nadie mira.

Madre, no conozco una amapola,
¿la conoceré algún día?

Un octubre, hijo, cuando
se te hinche el pecho
de mariposas, y el alma
te tiemble un poco al decir su nombre.

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