Amigo de Platón, pero
más amigo de la verdad.
Aristóteles

Y me refiero a la estupidez con mayúscula. Esa que llega con el tiempo, cuando ya se ha intentado todo lo decente para lograr un fruto medianamente satisfactorio en el proceso de creación. Esa que asoma como el síntoma de la renuncia a la renuncia misma. Porque cuando se crea (en literatura, en pintura, en teatro, cine, etc.), y hablo de la creación como un impulso explosivo y apasionado, en lo último que se piensa es en la autopromoción, o en los lectores. Mentira. Sí se piensa en unos pocos lectores, generalmente personas conocidas que testeen lo que uno va creando. Pero llegado un momento la creación marca su propio ritmo y el tiempo de “mostrarse” empuja… Entonces uno se tropieza con esto, espacios en la red, posibilidades de darse a conocer, y más de la mitad del tiempo se le va a uno en crear espacios y poner al alcance de quien sea un poco de lo que ya se ha producido. (Sin ir más lejos, y mientras escribo, me han llegado como cinco avisos seguidos de un integrante de otra página que he creado, invitándome a leer sus textos). El problema es que para que te lean tienes que leer a otros, porque digámoslo, todos estamos aquí por lo mismo, para que otros y otras nos presten la atención debida y nos lean, y nos comenten. La mayoría de nosotros no comentaría a nadie si con eso no consiguiera adhesión a su propia página. El que es comentado queda en una especie de “obligación” de comentar de vuelta. Pero me aburre comentar, salvo honrosas excepciones, de hecho, me aburre tener que leer tanto texto malo y pasar por amable diciendo cosas como: “¡Maravilloso texto!”, cuando en realidad lo encuentro tedioso y malísimo. Por eso prefiero no comentar. El problema es que como no comento, nadie me comenta, y volvemos al punto de partida.

Por eso uno opta finalmente por la estupidez. Deja de lado la renuncia a la escritura dirigida. Renuncia a la renuncia de escribir para “otros”, y comete la honesta estupidez de crear un Grupo autoreferente. ¿Para qué ponerle otro nombre al grupo, disfrazar ese afán de la autorreferencia con nombres de temas que supuestamente le interesarán a personas que podrían ser mis futuros lectores o comentaristas? Me niego a usar ese anzuelo mediático y facilón. Mientras no renuncie a esta última convicción, quizás no esté perdido del todo, aunque esta página (como tantas otras) sólo termine siendo un eco de sí misma.

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