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Guayasamin.

Guayasamin.

Si le nace un niño
suave como un ovillo
y dulce como una tarde de estío.
Si no sabe decir su nombre
o toma el té
con manos de mariposa,
o llora la luna
porque no la alcanza
y la sigue
en el agua y la canta
en el sueño.
Si su cuerpo rompe la simetría
de homo erectus
o de bella donna
porque torció
sus huesos en la curva
juguetona de Orión
cuando bajaba a su encuentro.
Entonces no hay más remedio.
Píntele un “Frágil”
con grandes letras rojas
en el corazón y el pecho.
Zúrzale cada palabra
en cada pliegue de sus ropas.
Mire que el mundo
lleva prisa y no oye el canto
dulce de las cigarras
ni entiende
el ruido sordo de los astros
que salen de su boca.
¿No ve que hay lobos
hurgando entre los campos
llenos de flores dolorosas
y hermosas por imposibles?
¿No ve que esperan su momento
para surtirse de presas
que se alejan
de la camada
por seguir olores de cielo y viento?
Allí están,
esperando su momento,
presintiendo el color
de su esperanza
enredada en cada abrazo
y cada beso.
Sacando cuentas:
¿cuándo cuesta cada lágrima,
cuánto cada sueño?
Si su niña trae ojos de risa
dorada como una almendra,
píntele un “Frágil”
sobre las pupilas,
y entre los cabellos
cuélguele faroles
con cuentas de luciérnagas
para las frías
noches de invierno.

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