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M. C. Escher.  "Manos dibujando"

M. C. Escher. “Manos dibujando”

Recostado en la cama en plena noche, con el teclado sobre el regazo, intentando escribir estas palabras que parecen salir a duras penas, se detiene de vez en cuando en el intermitente tecleo tratando de recordar la última vez que lloró. Busca la frase exacta con que empezar esta nueva historia. Imagina un cuento, un relato cotidiano que grafique los oscuros resortes de una vida que se vuelve absurda y patéticamente gastada en lecturas y profundas reflexiones sobre sí mismo, sobre el mundo y los demás.
Terminado el primer párrafo, la onerosa sensación de derrota se va esfumando junto con el amargo resorte del llanto. ¿Había sido un llanto en realidad? Más bien un angustiado sollozo de abdicación ante lo inevitable: la derrota del tiempo sobre una espera inútil. ¿Qué era lo que esperaba a fin de cuentas? Probablemente ni siquiera lo recuerda ya, como ha olvidado la última vez que lloró. Pero su concentración ha pasado rápidamente de la autoflagelación por la vida que se manifiesta vacía y estúpida en su esperanza sin fundamento, a la preocupación de ir hilando, de manera lo más precisa posible, las palabras que van tejiendo estas imágenes.
Aún siente el entumecimiento de la pena en el pecho, aunque el afán por escribir y avanzar en el entramado de la historia parece sobreponerse a todo. Evita pensar en el ritmo de espera que todavía persiste, insistente, ridículamente terco, aún cuando su mente se resiste a él. Estira la historia buscando un final rápido y, al mismo tiempo, necesita mantenerla abierta lo suficiente para ver si hay alguien allá afuera que responda a sus plegarias. No Dios, por supuesto, demasiado ocupado en tejer otras historias, mucho más complejas y absurdas que la suya en esta noche y en esta hora, donde él sólo es la hebra ínfima de un entramado que busca otro sentido, que acaba y comienza en otros, mucho más sustanciales para la infinita trama del universo y de la historia que se despliega, a través de los siglos, en la mente divina que la inventa, que lo inventa, que me inventa, inventando una historia donde otro escribe lo que escribo.

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