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Salvador Dalí

Salvador Dalí

— ¿Escribirás otro cuento?
— No sé… A lo mejor más tarde.
Como fundidos al calor del verano se oyen a lo lejos pálidos ladridos, y una brisa persistente agita los alerones de las viejas casas de vez en cuando. Es la hora del sopor y la renuncia. Uno podría quedarse inmóvil eternamente aquí, sintiendo el poderoso latido de la tarde, con el radiante fuego del sol destemplando los tejados de zinc y madera. Nada que hacer. O demasiado. Da igual.
— Tal vez un poema… ¿Te tinca?
— Prefiero un cuento.
— Me gustan más los poemas…
— Sí, ya sé.
— Pero vas a escribir, ¿no?
No sé. Nunca. Levantar una mano, la otra, oprimir una tecla o trazar una línea. Traer una imagen a la mente. Situarla en un pensamiento, una palabra, dos, una frase o toda una hilera de ellas. Difícil. Cuando el tiempo parece detenido al abrigo de un cielo límpido, casi difuminado bajo la radiación solar, y el ulular de las tórtolas, la risa de los niños y el dormitar de los ancianos se cuela entre el creciente rugido del tren que hace vibrar ventanas y recuerdos de infancia. Difícil. ¿Por qué no mejor quedarse así, tendidos o pensativos ante el paisaje del horizonte, zurcido a un rutilante cielo azul por breves explosiones de cerros bordados de oscuros eucaliptos? Y entre la tierra y el cielo racimos de casas naciendo o muriendo aquí o allá, como aferrándose a pedregosas laderas cuarteadas por ríos de caminos que se derraman en improvisadas e irregulares arterias.
— ¿Entonces?
— No sé.
— ¿Nunca?
— Nunca.
— Difícil.
Puede ser. Nada es seguro. De pronto el vasto horizonte se abrirá, estas palabras supurarán otras palabras, como una herida que no da más de sí o una explosión de lunas y soles incalculable, y no habrá más remedio. Escribir. Esto o lo otro. ¿Importa? ¿Importa ahora? Bajo este sol, este cielo, los distantes ruidos del día que se pierde en el ir y venir de tiempos y espacios infinitos e incontables, sólo es cuestión de quedarse aquí, sintiendo el lento brotar de esta tierra, mientras alguien pregunta: ¿escribirás? Qué decir. Simplemente no sé. Nunca.

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