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Zdzislaw Beksinski

Zdzislaw Beksinski

No es locura.
¿Ven esta sangre?
Esta sangre
esparcida por tantos libros
viejos y pantallas nuevas
es mi propia sangre.
La salpicadura de una herida, quizás.
El derrame de una alegría intensa, tal vez.
Así, sin culpables,
sin alienación emocional alguna
fue quedando como una huella
indeleble de lo indecible,
de lo palpable
de lo vivible.
Precisó ser vertida
con el descuidado ademán
de la rutina
y el olvido,
con el frenesí de una aurora
roja a punto
de estallar
entre el albor
de una fiesta y la quietud
de una resaca
perdida en su propio
sueño reparador.
Me dirán que esta hoja
afilada y enrojecida
no lo explica todo.
¿Y qué?
Será que el acero inoxidable
de los días pasajeros
me abrió un poco las venas
o que mi mano se abatió
sobre sombras
en la oscuridad de una noche intensa,
entre racimos
apretados de flores solares,
que en el tintinear
de la euforia
su filo hirió
mis carnes con la fruición
de un dulce mosto.
Y entonces la sangre,
y entonces la roja insignia
regada sin ton ni son,
así,
como una palabra que se derrama
irremediable e inadvertida
ante los ojos que la contemplan
y la boca que la desangra.
No, no es locura.
Esta sangre
es mi propia sangre.

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