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New Girl. FOX (Promotional  Advertisment)

New Girl. FOX (Afiche promocional).

Ángela Zambrano no sólo fue una de las escritoras más eminentes de los últimos tiempos en este país, del tipo de escritoras de pluma densa y elaborada, cuya obra probablemente quedará en los anales de la historia literaria, junto a Donoso o María Luisa Bombal, allá, en lo alto de las letras del último siglo; sino que además fue una gran fanática de ciertas creaciones de la cultura pop bastante poco ortodoxas (por decir algo); tan poco ortodoxas, que de haber llegado al dominio público, le hubieran granjeado fácilmente el descrédito más vergonzante dentro del mundo intelectual que le otorgaba su más incondicional beneplácito.
Para una escritora de su talla, en un país como este, puede ser altamente aceptable comer sánguches de potito, oler a empanadas carduas, decir “puta la weá” y “culiao”, o cualquiera de esas pintorescas expresiones del folclor popular, por muy falta de refinamiento intelectual que parezcan. Incluso la cursilería más detestable dentro de aquellos círculos puede ser tolerada, siempre y cuando tenga gusto a pueblo y raíces idiosincráticas (El corralero, Corazón de escarcha, Palomita Blanca, Gracia y el forastero, El niño que enloqueció de amor, Amy, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, la que usted elija de Condorito). Pero si huele a éxito de taquilla en grandes industrias del entretenimiento para consumo masivo, y muy especialmente si huelen a industria hollywoodense gringa, entonces la cosa se pone seria. Más que seria.
Cuando a finales del 2011 se empezó a viralizar el éxito de la serie New Girl, transmitida por la cadena Fox, a nadie en los círculos intelectuales más prominentes le importó un reverendo pepino. Simplemente porque era otra producción sobreexpuesta mediáticamente para embelesar a una audiencia fanática, probablemente compuesta por una masa amorfa de seres poco críticos, que sólo querían reírse un rato de las idioteces de personajes tan idiotas como ellos, mientras les drenaban las ganas de preguntarse acerca de su propia realidad, además de una buena cantidad de dinero mensual por contratar los últimos estrenos televisivos del cable, con lo que, dicho sea de paso, las grandes cadenas hacían gran parte de su fortuna. Inimaginable que una intelectual de su talla se hiciera fanática de tales franquicias, a tal punto de tener una secreta vida mediática como una de las más entusiastas fans de New Girl, llegando a ser la fundadora de varios sitios dedicados a la serie, siempre en inglés y bajo el seudónimo de Nessy, en referencia a su especial entusiasmo por la pareja protagonista de la serie, Nick y Jess, nombres que la fanaticada solía unir en una sola palabra (Ness), cambiando la letra inicial de Jess por la de Nick.
Fue un año después de su muerte que una curiosa cibernauta descubrió la misteriosa relación entre la fanática Nessy y la reputada escritora. Apenas el rumor se filtró en la red, los custodios de la imagen de la gran escritora negaron categóricamente toda veracidad de tamaño rumor, aunque secretamente iniciaron una completa investigación de su actividad online, contraviniendo todas las políticas de privacidad de internet, cosa que, para su sorpresa, resultó muchísimo más fácil que el inútil intento de evitar el cuestionable Premio Nacional de Literatura entregado a Isabel Allende años atrás. Sólo bastó forzar un inocente correo de verificación de cuenta para descubrir una amplia y contundente red de páginas de fans, foros de discusión, campañas para los Fans Choice Awards, y el horror de todos los horrores: un sinnúmero de fanfiction (y no cualquier tipo de fanfiction, sino de los más simplones, sensibleros y chabacanos).
Sólo necesitaron una escueta y rápida ojeada para entender que si no detenían rápidamente la filtración en la red, el resultado sería una hecatombe cultural de proporciones. Millones de consumidores de cultura chatarra justificados por una figura de renombre intelectual sería peor que concederle el Pulitzer a los creadores de los Simpsons y después querer encarrilar el premio nuevamente por las sendas de la seriedad periodística (si es que aún existía algo como eso hoy en día). Era absolutamente perentorio desvirtuar el rumor sin dejar lugar a dudas. Entonces usaron la estrategia más clásica y simple que existe en internet: echaron a correr otro rumor, y lo propagaron por el ciberespacio, usando todas las plataformas y el poder mediático que poseían, el cual era inmensamente más amplio y privilegiado que el de cualquier fan promedio. Después de eso, sólo fue cuestión de presentar algunas pruebas sacadas de aquí y allá, y el respaldo de una pléyade de renombrados intelectuales, con firma incluida.
Así fue como Nessy, una de las más fieles fanáticas de New Girl, pasó a ser considerada simplemente una bizarra invención, viralizada por millones de fans hablando y comentando mil estupideces por segundo en la red.

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