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Emanuel M. Ologeanu. “When time doesn’t matter”.

Emanuel M. Ologeanu. “When time doesn’t matter”.

Somos los que esperamos,
en los consultorios, en las filas
de los supermercados,
en las oficinas atestadas de burocracia,
en los bancos,
en los cajeros automáticos,
en los infinitos espacios cibernéticos,
segundos, minutos, horas,
a que nos den el pase para entrar
en la línea de juego
y poder hacer nuestra movida
según las reglas.
La máquina nos ha subyugado a su antojo,
nos marca los momentos
y nos dicta las formas y los lugares:
¿quiere pasar?, compre su boleto y espere,
¿necesita algo?, saque su número y espere,
¿desea ingresar?, haga click y espere,
¿olvidó su clave?, siga los pasos y espere.
Ya se sabe, el tiempo es relativo,
arriba todo se acelera, todo se resuelve en un suspiro,
abajo el reloj se alarga, llega siempre retrasado
o simplemente se detiene para siempre.
Somos los que esperamos,
en un mundo lleno de promesas,
abarrotado de sueños incumplidos
y esperanzas etiquetadas para la posteridad,
cerramos los ojos y pedimos los tres deseos,
frotamos la lámpara
y esperamos a que el “felices para siempre”
no sea un simple
invento de Walt Disney
para reventar la taquilla de un domingo familiar.

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