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Adrian Ghenie. “The Stigmata”.

Si yo mirara la superficie de las cosas
me quedaría en el paraíso de las formas,
gustando de los frutos mal habidos de la especulación
y la fama bastarda,
pero una mota cósmica irradiada de quién
sabe qué oscura estrella en el principio
de los tiempos me deparó los jugos nutrientes
del plasma fetal como un caldo espeso
donde hirvieron los anhelos de espiar
hacia las profundas grietas de lo ignoto.
O tal vez fue el horror de la vida que se estira
sin remedio sobre un horizonte sin arrullos
de palomas, ni dedos entrelazados por los hilos
de un ocaso, lo que me hizo
despreciar el gesto y la risa fácil
para disfrazar el vacío más amargo,
la cáscara más miserable de lo existente,
rotulada con insignes nombres de ser, razón o alma.
En cualquier caso,
nada despinta la migraña vespertina,
las pastillas tragadas como santos griales
para salvar la cordura y disipar el fuego
abrazador del tubo digestivo atascado
en interminables dolores de parto sobre el excusado.
Si yo mirara la superficie de las cosas,
tal vez daría rienda suelta a los vientos
que se quedaron prendidos
después del último almuerzo
y antes del último intento de poesía.

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