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Frances Ferdinands. “Blue Buddha”.

¿Quiénes son esos que meditan
sobre el mundo como si su vida dependiera
de ello?
Tristes aprendices de chamanes
en la soleada cima de siete colinas
erigidas entre desechos de circuitos
y tarjetas sin banda electrónica
ni línea de crédito.
Beben su sabiduría como un licor
procesado para los grandes
mercados del mundo.
La recogen a montones
en los canastillos de ofertas
etiquetados para Autoayuda,
y repiten los salmos
sobre la gran marquesina
de las redes.
Una cadena lleva a la otra
y las cuentas cuadran,
perfectas,
inmutables,
eternas.
De los voluminosos estantes
de la academia
tomaron el atizador y el fuego
y ahora lo agitan
contra todo lo que se mueva
más allá de sus mantras
y sus rezos.
¿Sabrán de dónde vienen?
¿Sabrán a dónde van?
Pero saben cuál es el camino
y cuál la contraseña
para la armonía y la salvación.
Han medido el mundo
en una vara de incienso
y han purificado su esencia en la sofisticada
llama de un encendedor.
Nosotros, pobrecitos mortales,
buscamos un simple trozo de tierra,
una roca, un breve paisaje
donde pernoctar en la noche del mundo,
si es posible a resguardo
de la intemperie y
con las comodidades de turno.
Abrigar un corazón nos basta y sobra,
un cuerpo y un sueño simple,
suficiente para que una leve sonrisa
ilumine los afanes del día
antes de cerrar los ojos
para siempre.

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