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Leszek Bujnowski.

Aquí la muerte persiste.
Disculpen los amantes de la risa
y el timbal al pie del Sinaí,
los amantes de la gloria
y un cielo repleto de bendiciones
y maná cayendo como migajas
desde la mesa del todopoderoso
signo de todos los tiempos.
Aquí la muerte persiste,
la muerte, persiste,
la muerte,
la muerte,
la muerte,
y no hay disculpa que valga,
irrisoria, sin sentido,
un gesto de desdén
con guarnición de buenas maneras
para amenizar el plato fuerte
que será servido en su punto de ebullición
más calcinante.
Todo se disipa,
olores, sabores, texturas,
figuras y colores,
espacios y tiempos,
todo,
sólo la muerte persiste
con su férrea promesa inquebrantable
al final de cualquier eternidad.
En este mismo instante, espolvoreada
sobre huesos y carne
teñidos en la herrumbre
de antiguos abrazos,
en esta misma hora, en este mismo intento
de domeñarla bajo la memoria
y las palabras.
Persiste.
Persiste.
Contra el conjuro más dulce,
el más humano,
persiste.
Aquí,
engullendo su propio corazón
y su propia alma hasta la muerte.

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