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Dawid Planeta.

La transmisión inicia con una espeluznante panorámica de profundos arrecifes inclinados hacia un enfurecido mar de vapores verde sulfurosos. El lejano rugido de marea arremolinándose y estallando es apagado por trombas telúricas emitidas en breves espacios de tiempo, que hacen temblar la cámara y la agitada voz del Narrador, como emergiendo desde miles de filtros protectores.
[NARRADOR] Un verdadero infierno consumiéndose en sí mismo… Así es como se podría describir la intolerable atmósfera de Axolt 76, uno de los cientos de satélites naturales que orbitan el planeta Amau, un solitario gigante gaseoso en mitad del Sistema Baldío de Uritas, a más de tres mil años luz del sistema habitable más cercano. La pregunta es: ¿es posible que exista vida en estas atmósferas extremas? Responder esta pregunta podría revelar una nueva e ignorada realidad acerca de los Sistemas Baldíos conocidos, inclinando la balanza en su favor o en su contra. Acompáñennos en el Primer Episodio de esta excitante aventura de nuestra serie… Y hagan lo que hagan [Pausa dramática], no se suelten de sus asientos.
La música introductoria se abre paso, siguiendo el abrupto descenso de la cámara a través de una humeante ladera rocosa, sobreponiendo sus poderosas notas a los sonidos ambientales hasta alcanzar un clímax épico. Sobre un lento barrido en ascenso de gigantescos monolitos elevándose desde el fondo del acantilado hasta un cielo cubierto de espesa neblina y gruesos cúmulos enrojecidos, se empiezan a delinear las letras del título: SISTEMAS BALDÍOS: LA VIDA IGNORADA.
La cámara vuelve sobre el mar de gases rodeado de imponentes arrecifes. Las letras se funden y la música desciende, dejando entrar los sonidos atronadores de las ráfagas eléctricas y las trombas oceánicas. Luego gira hacia el estrecho y abrupto terreno al borde del precipicio, para encontrarse con la figura del Narrador a medio encuadre, muy cerca de la cámara. Un traje impermeable con capucha protectora le cubre la cabeza, enmarcando un rostro oculto bajo gafas oscuras y una pequeña mascarilla conectada a la mochila adosada a su espalda.
[NARRADOR] Sobre este inhóspito terreno [gira para mostrarlo] pareciera que ningún atisbo de vida es posible. Pero si observamos un poco más de cerca, la vida abre sus alas…
Siguiendo la mirada del Narrador, la cámara sube por el murallón rocoso que vadea el lado opuesto al precipicio. Allá, a unos metros en las alturas, apenas visibles a través de las espesas fumarolas que enmarcan todo, breves sombras aladas parecen moverse entre un risco saliente y los imponentes monolitos. Un nuevo título se sobrepone a todo: EPISODIO 1. “Las sirenas de Axolt”. La cámara vuelve a bajar hacia la voz del Narrador, que está anclando las cuerdas adosadas al cinturón de su traje a la escarpada pared que sube hacia las formas aladas. Continúa su narración, sin dejar de ajustar las cuñas y las anclas al muro rocoso.
[NARRADOR] Los Sistemas Baldíos han sido considerados desde hace más de un siglo de ocupación y expansión por los sistemas habitados, como una serie de sistemas muertos, cuyas formaciones galácticas y sistemas menores no albergarían ningún tipo de vida reconocible.
Tres enfoques desde distintos ángulos muestran el fatigoso ascenso del Narrador, como un jadeante Sísifo envuelto en ráfagas de vapor y truenos distantes, intentando alcanzar la cima del infernal despeñadero. Mientras se acerca, los sonidos de alas y graznidos ululantes empiezan a perfilarse tímidamente entre la hecatombe sonora.
[NARRADOR] ¿Escuchan eso?
Se detiene en medio del ascenso hacia una cumbre brumosa y aún indiscernible a través de las imágenes transmitidas. Luego un encuadre que muestra su rostro pegado a la pared de roca. La cámara enfoca nuevamente hacia la cumbre. Desde esa distancia, los contornos de las sombras voladoras se acentúan notablemente, al igual que su tamaño. Inquietantemente gigantescas.
[NARRADOR] Es el ulular de la vida que se desarrolla en este supuesto mundo inhabitable para ella. Si queremos escuchar más de cerca su llamado, necesitaríamos tecnología tan avanzada que pudiera atravesar los campos magnéticos que cruzan esta caótica atmósfera. Incluso a esta corta distancia, se haría difícil manipular una pequeña cámara para que sobrevuele la cima… Por eso hemos optado por la técnica utilizada por nuestros lejanos ancestros. La exploración física y la fuerza bruta.
Apoyando los pies sobre las salientes, el Narrador queda suspendido, sujeto por las cuerdas a su cintura y a las cuñas clavadas en la muralla rocosa, dejando las manos libres para sacar de su mochila un artefacto en miniatura, atarlo a otra cuerda y lanzarlo con todas sus fuerzas hacia arriba. La cámara sigue el movimiento del diminuto objeto que se adhiere a la roca unos metros más arriba.
[NARRDOR] Ahora la encendemos.
La imagen cambia a otra que muestra una panorámica de los arrecifes y el mar de vapor, atravesada por ruidosas líneas de estática. La señal demora unos segundos en ajustarse. En seguida inicia un giro hacia la cima, mientras los sonidos de alas y llamados ululantes se intensifican, haciéndose más cercanos y discernibles. Allá, sobrevolando, formas monstruosamente prehistóricas batiendo sus alas de un lugar a otro, ululando en un concierto errático, pero de estremecedora belleza.
[NARRADOR] Lo que oyen es el canto de cientos de criaturas que, al parecer, anidan en estas desoladas alturas, en un satélite natural que de acuerdo a los Reportes de Sistemas se encuentra en un área considerada como carente de vida, por las condiciones de sus planetas y planetoides. El sonido producido por estas criaturas puede atravesar la densa atmósfera de esta pequeña luna y viajar a gran velocidad hacia el espacio, lo que permite ser capturada por las sondas de exploración que atraviesan el sistema en busca de recursos, y por los radares de las instalaciones mineras y comerciales establecidas en varios planetas y lunas cercanas para explotar estos mismos recursos. Desde hace más de siete siglos estas señales han sido tipificadas como sonidos generados por la rara fricción en la rotación del planeta Amau y sus cientos de lunas, debido a la gran densidad de partículas que rodean al planeta, fenómeno que los entendidos dieron por llamar Sirenas de Uritas. Pero un vistazo un poco más cercano hoy, en este mismo instante, nos revela por primera vez que tales informes podrían carecer de veracidad…
A medida que la voz del Narrador fluye en su relato, la imagen sobre las sombras aladas se abre lentamente, dejando al descubierto un impresionante panorama de picos rocosos casi fundidos en la niebla verdosa, que es cortada en miles de estelas aéreas por centenares de alas oscuras que cruzan de un lado hacia otro, sin parar.
[NARRADOR] La pregunta es: ¿cómo es posible que en más de mil años de exploración, catalogación y explotación de los llamados Sistemas Baldíos, las investigaciones no hayan arrojado ninguna pista sobre esta posibilidad de vida en ellos? [Pausa dramática] O tal vez no hayan querido hacerlo…
Súbitamente la imagen que apunta hacia las criaturas es cubierta por una sombra y un chillido ululante insoportablemente agudo. Formas confusas de membranas y una córnea monstruosa. Un sonoro golpe de estática y luego nada. La imagen vuelve sobre el Narrador, siguiéndolo caóticamente en un descenso acelerado y jadeante.
[NARRADOR] ¡Mierda, mierda, mierda…!
Imágenes cortadas: risco, manos, arrecifes, picos, rostro, pies. Ruidos de respiración, fricción de tela y micrófono. La imagen de la cámara girando enloquecida. Un golpe auditivo y la imagen deteniéndose por fin en un encuadre torcido del sendero rocoso. Los poderosos sonidos de sirena se vuelven lejanos otra vez. La mano del narrador aparece sobre la cámara, tomándola. Realiza algunos ajustes y la cámara vuelve a enfocarlo, jadeante y visiblemente asustado.
[NARRADOR] Uffff!! Estuvo muy cerca… [Retomando tono de narración] Al parecer una de las criaturas se ha percatado de nuestra presencia, y ha decidido tomar parte en el registro de nuestra serie [risas agitadas]. Si lo que acabamos de presenciar no es una forma de vida en toda regla, no sé qué más podría ser. [Aspirando profundas bocanadas desde la mascarilla] Ya en el límite de nuestras reservas de oxígeno, y habiendo cumplido nuestro objetivo, sólo nos toca despedirnos. Los esperamos en el próximo capítulo de nuestra excitante recorrido por el Sistema de Uritas, en busca de respuestas a más y más preguntas sobre los al parecer mal llamados Sistemas Baldíos. Y hagan lo que hagan [pausa dramática], no se suelten de sus asientos.
Fin de la transmisión.

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