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Victor Fota. “Painting the Cyber Future”.

Está parado o sentado (no está del todo seguro), aunque es más probable que esté acostado. Sí. Acostado en algún lugar, esperando. Por mucho que intente poner alguna parte de sí en movimiento, nada eclosiona.
Ha estado así por días. Podría estarlo por años, incluso. No sería la primera vez ni la última. Sabe que es cuestión de tiempo para que en un punto ni siquiera un átomo de voluntad pueda ya activarse. Un pequeño e incauto insecto atrapado en una hermosa prisión ámbar, fosilizado para siempre.
Iniciar con frases cortas. Eso debe hacer. Una frase a la vez. Así. Tal como lo establece el manual minimalista en boga. Es cosa de mirar los ejemplares de las últimas décadas. Todos inician con un par de líneas breves y a la carga. Es lo mejor, dicen. Simple, directo, efectivo. Un rodeo demasiado extenso agota la resistencia del lector medio en la era de las redes sociales y el tuiteo compulsivo. ¿Dónde leyó eso? En ningún lado o en todas partes. Da igual. Lo que debe hacer es enfocarse e iniciar.
Aquí todo se pudre… Sí. Ese podría ser un buen inicio. Si no fuera porque ya ha hablado tanto de podredumbres. No viene al caso seguir. Pero es como se siente, definitivamente. Algo podrido por dentro. Pero en estado de latencia. En espera de la eclosión final.
Mejor desistir de la escritura por el momento. Mejor telegrafiar. Concentrar las palabras, el tiempo. Desatascar la cañería escupiendo las porquerías una a una. Toma. Toma. Toma. Ahí va. Eso. ¿Qué tal? ¿Te gusta? Siempre en primera persona. Siempre. ¿En tercera? Nah. No existe. Sólo es un remedo para aliviar la monotonía del intimismo, nada más. Ni hablar de la segunda. ¿Alguna vez existió? Preguntas, preguntas. Buena técnica de inicio también. Hay que usarla más seguido.
Alto. Siente que algo se pone en movimiento dentro de él. ¿Será? Puede ser, puede ser. Tic. Tac. Puede ser. Tic…

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