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Antony Micallef. “Guardian With Beasts”.

Cometí la injuria del abandono,
difamé la gloria y los sueños incumplidos,
porque es mejor adecuar
los conceptos a las cosas que incinerarse
por dentro hasta las cenizas
de lo inerte.
Nada llevé con tanta elegancia
como este traje de cinismo
bien entallado
para el banquete inquisitorial
del mutatis mutandis
y el progressus regressus
y toda su floritura
de latinismos con un tufillo
filosófico-existencial
que se lo querría cualquier cadena
de whatsapp.
Al final fue sólo esta resonancia
redundante boqueando
al borde de una vida
reluciente de amor y sonrisas,
de brazos abiertos esperando
al otro extremo de cada instante,
con devota entereza,
a que la bestia deje de girar
sobre sí misma
y recuerde los nombres,
los lugares, los momentos,
los sabores tendidos
sobre una mesa donde las risas
cubrían los pormenores
del día a día para los días venideros,
y un mañana que siempre
guardó los ecos más promisorios de lo que pudo ser.