JUEGO DE CALENDARIO

Hoy es el día del padre. No le he dicho nada a mamá para no preocuparla. Estará sentada frente al televisor, como lo hace todos los días a esta hora, cuando pasan las teleseries que tanto le gustan. Lo habrá olvidado como todos los años. Está tan vieja la pobre que es difícil para ella pensar con claridad. Ahora le ha dado por creer que papá estará de regreso muy pronto. A mí realmente no me molesta el tener que oírla quejarse de la venida de papá a casa, lo que de verdad me revienta es enterarme de que se lo ha contado a medio mundo y todos andan ya murmurando cosas. Estoy seguro de que la tratan de loca y a mí de pobre diablo. Es natural. Todos saben que papá ya no aparece más en carne y hueso. Nunca más. Ella creerá sentirlo caminar hacia la puerta de la calle por la vereda, acercarse, mientras se comprime en su asiento llena de miedo. Pero no aparecerá más que muerto en el marco de la puerta y en su mente. Entonces verá que esperó y se impacientó en vano. Y se reirá como nunca lo ha hecho y yo la haré callar para que el barrio no comente cosas ni pueda oírla. No me gusta que el barrio comente por lo bajo; eso es lo que más me fastidia, que de frente se sonríen y me miran hasta amablemente, mientras que por detrás… Hipócritas. Hablarán con ella de la llegada de papá como si nada supieran del asunto y le dirán: “Sí, claro, ¿y cuándo llega?” Ella les contestará evasivamente “en un día o dos” y yo trataré de convencerla; entonces ella me saldrá con eso de que no debería andar diciendo que papá no vendrá más y que está muerto, que podrían murmurar cosas sobre mí, que no estoy en mi sano juicio o algo… La pobre. Es imposible convencerla de nada. Y seguirá mirando el televisor, ahora.

ssss(Tiene que besarla… eso, eso… oh, pero qué llegada tan inoportuna, y tenía que ser ella. No, así no se puede, así no se piensa acabar nunca esta mugre de teleserie… Y ahora qué estará haciendo Rodriguito en la otra pieza. Menos mal que no ha seguido metiéndome eso de que su padre ya no viene. ¿De dónde habrá sacado eso cuando su padre ni piensa morirse por allá? No puedo imaginármelo como un cadáver en medio del desierto de la primera región… Y para colmo de males hoy es el día del padre y él estará de vuelta. Tendré que prepararle un buen regalo este año. Además está eso de las murmuraciones, que si él llega a enterarse se me arma la grande. Rodriguito ha tratado de convencerme. Es tan bueno. Lo único que me preocupa es que no logrará ser nunca independiente. A veces se vuelve un verdadero problema. Tan convencido está de que su padre no vuelve ya. No me molesta eso de las murmuraciones sobre su locura, no, es sólo que si continúa hablando demás podría echarlo todo a perder. Y entonces la sorpresa cobraría contornos más definidos al volver él y oír las murmuraciones y ya dejaría de ser una sorpresa. Porque después de todo es el día del padre y él esperará su regalo. Siempre regresa para este día, justo a las ocho de la noche, eso me permite saber a qué atenerme para prepararle un presente. Antes lo he hecho, sí, pero no habían murmuraciones. Este año empezaron a surgir de pronto. Es lo peor de todo. Aunque ahora que lo pienso, no creo que llegue a oír nada de nada antes de recibir mi sorpresa, él acostumbra a venirse directo acá, golpea la puerta con leve brusquedad… Sé cómo llama a la puerta. He esperado durante dieciocho años, lo conozco. Nunca antes se me había pasado eso de la sorpresa por la cabeza. Sólo ayer… Dudé, claro, pero sólo una vez y… esta maldita herida. Últimamente no me ha dolido tanto. Tengo el brazo como entumido desde la semana pasada y la herida casi no escoce, o lo hace menos frecuentemente. Rodriguito no sabe nada de lo que pasó, de la herida y todo. Tanto mejor. El es demasiado escrupuloso cuando se trata de mí y es mejor que no lo sepa. Es increíble que después de tanto tiempo aún no consiga sanarme esta cosa. Ya cumplió exactamente un año desde que ocurrió… La teleserie me está aburriendo. Es extraño. Antes me trataba de esconder en ellas cuando él iba a volver, pero hoy, no sé. Es un cosquilleo en el estómago. La sorpresa. Tendré que salir de compras. Aquí me sofoco. Voy a ir a dar una vuelta al centro y lo prepararé todo.)

ssss(Mamá ha salido. De compras. No me lo dijo, pero eso se sabe sólo con mirarle la bolsa que lleva debajo del brazo. Ella cree que me engaña con facilidad. A veces me preocupa y me chorea. Eso de llamarme Rodriguito como si fuese una guagua. Voy para los dieciocho este año, en octubre. Pero no puedo acostumbrarme. Trato de no parecer molesto delante de ella para no decepcionarla, sólo por eso. Y ha salido muy apurada. Seguro que va a seleccionar un regalo para papá. Todo el barrio debe saberlo ya. No puede convencerse de la realidad. Me da pena la vieja. Volverá a esperarlo con expectación y con ese temor que yo no puedo compartir con tanta facilidad. Con un regalo que lo mantendrá ocupado por un buen rato y que él ya esperaba como tantas otras veces. A mí me mirará con recelo porque le parecerá extraña esa tranquilidad en mi cara. Mamá le recordará que el regalo es de parte de los dos. Mentirá y se mentirá porque este año el viejo no vuelve. Y se va a quedar con la sorpresa en las manos engarrotadas y el viejo estará muerto. No lo podrá creer en un principio, y luego, suavemente en el comienzo, débil, vacilante, hasta que por fin su cara se arrugará y su voz se deshará en una carcajada cascada y retumbante y yo intentando apaciguarla junto con las murmuraciones que sobrevendrán luego. Y hoy, obligadamente tendré que fingir que también espero. Le diré a mamá que saldré a encontrarlo a la esquina. Ella accederá, contenta por mi repentino cambio y lograré librarme de mi incomodidad delante de ella cuando la vea expectante otra vez… Pero él no entrará más por esa puerta. Ahora mamá estará eligiendo ese regalo. Lo que me tiene un tanto intrigado es esa salida repentina. Mucho antes de que terminara la segunda teleserie. Y el recordar que hoy es el día, ella, que nunca parecía acordarse. Siempre tenía que ir yo a la sala donde permanecía enfundada en su asiento y decirle: “Hoy viene papá”; entonces ella no hacía ningún gesto perceptible y, apenas finalizaba la segunda teleserie, salía como un bólido de la casa y se perdía en la esquina bajo la mirada de todos. Y todos saben. Yo sé. El no volverá a entrar, no volverá a emborracharse ni a dejar que oigan sus gritos y todo lo otro.

ssss(Regresé temprano esta vez. Necesito tiempo para terminar con esto. La caja de bombones es tan inocente como parecer inocente hasta la hora de la sorpresa… Me tomará más de media hora darle el acabado. Han dado las siete en la radio y sé que me sobrará tiempo para todo. Rodriguito se ha puesto a buscar como loco alguna cosa en el baúl donde su padre tiene las herramientas. ¿Se habrá convencido de que está en un error y que su padre volverá? Trato de imaginarme que piensa hacerle un regalo, aunque nunca le hizo ninguno. En todo caso le pedí que lo que sacara lo volviera a su lugar antes de que él llegara. No lo tomó muy en serio y se limitó a contestarme, indiferente, que él ni lo alcanzaría a notar. Eso me dejo preocupada ostensiblemente. Podría saber algo de esto y lo echaría todo a perder, si no lo ha hecho ya, con las habladurías que se han creado y siguen creándose en relación a su extraña obsesión de asegurar eso de la muerte de su padre. Siento cuando la gente murmura a mis espaldas y sé que es sobre Rodriguito, aunque yo nunca lo saco como tema de conversación. El regalo está casi terminado. Sólo restan unos minutos y quedará listo para esperarlo otra vez.) Me fue imposible realizar todo sin que mamá lo notara. Descubrió cuando lo buscaba en el baúl de papá, en el altillo. Estaba en plena faena en el momento en que ella apareció de improviso. Me preguntó que qué era lo que buscaba allí y yo le dije que no podía decírselo ahora. Por suerte no insistió y es que tengo que sacarlo sin que nadie lo sepa. A ella le daría un ataque si llega a enterarse. Empezaría con que tu padre, que qué vas a hacer con eso, que no te pertenece y que si se entera… Y yo tendría que decírselo, algo que no puedo hacer por nada. Lo llevaré apenas logre envolverlo para que no lo vea nadie, con lo habladores y bocones que son todos aquí se armaría. Tengo preparado un buen escondite en un agujero que hay en la pared de la casa de la esquina, esa que da justo al callejón oscuro. Por suerte en esta época del año se oscurece temprano. Luego regresaré. Tendré que aguardar a que mamá se siente a esperar y entonces se lo diré. No lo del baúl, eso será después. Le avisaré que voy a avistarlo a la esquina; entonces ella dirá que bueno y yo saldré de vuelta a aquello y ella se enterará de todo y se convencerá por fin de que él está realmente muerto. (Rodriguito ha vuelto a salir. Se me ha quitado el susto de que se hubiera enterado de todo y, además, esa manía que me tenía con los nervios de punta parece haber desaparecido de pronto. Se ofreció para esperarlo en la esquina y yo acepté con alivio. Las murmuraciones se acabarán al fin desde mañana y todo volverá a ser mejor que nunca. Rodriguito ya no piensa como antes. Me habían aconsejado que lo internara. Pero ya no volverán a pensarlo. Estará esperándolo ahora en la esquina. Puedo imaginármelo mientras él regresa con su equipaje terroso, casi llegando a la esquina y) Está aún aquí. Sabía que nadie lo descubriría. Puedo sentirlo. Tomo el bulto y lo saco del escondite. Por suerte hay luna llena. Puedo ver cómo mis manos desenvuelven el paquete, lo hago con sumo cuidado, hasta que (sus pasos rozan por la calzada húmeda. Estará pensando en mí y en Rodriguito que lo seguirá siempre detrás, como) el reflejo de la luna se estrella contra este vejestorio. Me enderezo despacio. Puedo sentirlo. Ella permanece todavía sentada en su sillón siempre (acostumbra a hacerlo. El apenas lo tomará en cuenta y continuará avanzando hacia acá, pensando en su regalo, cada vez más) a la espera. Y tengo que avanzar lentamente. El barrio podría despertarse. Tiene que ser así. De regreso, y cada vez la casa se acerca más. Pasos (cerca de la puerta. En cualquier momento se abrirá. Ya dan las ocho. Casi es la hora en) que retumban afelpadamente en el silencio. Y quizás ella lo imagina próximo a la puerta y a su convencimiento. Ahora (que está estirando la mano hacia el picaporte para hacerlo girar, mientras trato de contenerme, de olvidar esta dolorosa herida. Entonces) lo sabrá, él debe estar tirando del picaporte y yo mantengo el mango de esto mientras me abalanzo hacia la puerta y (puedo oír los goznes de la puerta al abrirse. Luego) lo dejo caer con todas mis fuerzas sobre él, incrustándolo en (un ruido seco, un quejido apagado y el cuerpo cayendo hacia adelante, abriendo la puerta donde Rodriguito permanece de pie, respirando jadeante. Me levanto en un impulso, dejo caer la caja de bombones al suelo y observo) su espalda. Y ya está ahí, tirado en el suelo, cubierto de sangre. Mamá se ha puesto de pie y me mira con asombro. Y (el cuerpo de él, inánime en el piso. Luego mi vista sube hacia Rodrigo que me mira contento. Entonces) le sonrío, satisfecho de comprobar que (yo, súbitamente, correspondo a su sonrisa con otra porque) ella está contenta de que yo haya tenido razón, ya que (no volverá a hacerme esa clase de heridas que dolían tanto y) no seguirá golpeándola más frente a mis ojos. ¿Ves? Te lo dije. Él está muerto. Ahora (ya no voy a necesitar esta caja de bombones. La usaré como veneno para ratones. Sólo resta sacar el cuerpo de allí y luego) no queda más que esconderlo en algún lugar seguro hasta (ver qué diablos se nos ocurre ahora para) deshacernos de (él.

[1988]

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