EL DULCE ABISMO

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Alphonse Maria Mucha. “El abismo”.

“…y habrá un sinfín
latente bajo el dulce abismo.”
Silvio Rodríguez.

A veces escribo cosas; cosas que me llegan desde lugares asfixiados por tinieblas espesas como el sedimento del horror más profundo. Cosas que debería ocultar bajo miles de cerrojos, enterrarlas en fosas de olvido tan insondables que ni el más fino cristal de luz pudiera relucir sobre ellas. Dejarlas ahí, pudriéndose, retorciéndose, siseando los vapores de su propia fetidez, sedientas de una vida a la que aferrarse.
Pero por más que intento ignorarlas logran filtrarse entre las grietas del silencio, y afloran, esparciéndose entre las palabras que busco, como una infección insana. Debo quitármelas de encima, antes de que me arrebaten el sueño y se traguen la débil claridad que aún persiste en este atardecer.
No debo darle alas, lo sé. Por más que me lo repito una y otra vez, ahí están, en mitad de una frase, al final de un párrafo, al comienzo de una oración. Las purgo, las extraigo una a una y las pongo en un lugar especial, donde nadie pueda verlas. De sólo imaginarme la cara de quienes las leyeran me pongo a temblar. Sshhh. Quédense ahí, ahí, quietas, ni siquiera asomen la cabeza. Menos los ojos, esos espeluznantes ojos de inocencia voraz y demente con que a veces me miran. No. Mejor dejarlas ahí, bien quietecitas.
Mejor. Con algo de suerte un día me podré deshacer de ellas, dejarán de venir a mí y dejaré de escuchar su llamado, su murmullo de abismos y oquedades hinchadas de sombras reptando entre lóbregos valles de muerte, y su soliloquio aberrante enmudecerá para siempre. Mientras tanto se quedarán ahí, recluidas. Su chillido desgarrador no lacerará mis oídos, la figura retorcida de sus formas no hará sangrar mis ojos, y todo estará bien. Abriré las ventanas, ventearé la casa y regaré el jardín. Todo será alegría y tranquilidad. Y cuando la vecina me pregunte que porqué me río solo, le diré que me acordé de un chiste. Sí, un chiste que escuché por ahí, y cuando me pida que se lo cuente le diré que mejor no, que no es un chiste muy blanco, no, ni colorado. Es oscuro, oscuro y sucio como las entrañas de un sepulcro.

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